La mitad de las personas que hoy enfrentan problemas para pagar sus deudas no son nuevos ingresantes al sistema crediticio, sino deudores que ya contaban con financiamiento y estaban al día hace dos años, según un informe de la consultora Econviews, elaborado a partir de datos oficiales del Centro de Deudores del Banco Central. El relevamiento muestra que el deterioro de la mora no se debe únicamente a una expansión del crédito, sino también a un empeoramiento de la capacidad de pago de quienes ya venían endeudándose.
El estudio señala que, dentro del universo de casi 6 millones de personas con atrasos, la mitad ya tenía crédito formal y cumplía con sus obligaciones en 2024. Ese dato refuerza la idea de que la actual crisis de mora no se explica sólo por la incorporación de nuevos deudores, sino por un cambio de comportamiento y de situación financiera en una porción relevante de los usuarios del sistema.
La consultora advirtió, además, que la morosidad avanzó con fuerza en los últimos dos años, tanto en el crédito bancario como en el no bancario. En ese período, la irregularidad mostró un salto significativo y dejó en evidencia que el problema se extendió más allá de los segmentos tradicionalmente más frágiles.
Otro punto central del informe es que una parte importante de los morosos arrastra sus dificultades desde hace bastante tiempo. Casi la mitad lleva más de un año en mora, lo que indica que no se trata de atrasos pasajeros, sino de una situación persistente que se fue consolidando con el paso de los meses.
El trabajo también remarca que, entre quienes logran regularizar sus pagos, una proporción relevante vuelve a caer en incumplimiento en poco tiempo. Esa dinámica de entrada y salida de la mora muestra un patrón de inestabilidad financiera que afecta a miles de familias y refleja la fragilidad del crédito en el actual contexto económico.
En términos generales, el informe concluye que el problema de la deuda no se concentra sólo en los sectores que recién accedieron al financiamiento, sino en una base amplia de clientes que ya estaban incorporados al sistema y que, por la pérdida de poder adquisitivo y la presión de los compromisos acumulados, dejaron de pagar en término.
