El nuevo informe del INDEC sobre pobreza representa un revés para el Gobierno de Javier Milei, especialmente en un momento de creciente expectativa por la próxima visita del papa León XIV a la Argentina. La Casa Rosada confiaba en exhibir la reducción de la pobreza como uno de los principales argumentos para defender su política económica y social frente a las críticas de la oposición y de sectores de la Iglesia.

Sin embargo, el organismo estadístico informó que la pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre de 2026. La cifra implica un aumento de cuatro puntos porcentuales respecto del 28,2% registrado en el segundo semestre de 2025 y equivale a aproximadamente 15,5 millones de personas en todo el país.

El deterioro también se reflejó en el índice de indigencia, que pasó del 6,3% al 7,5%. En los aglomerados urbanos relevados, alrededor de 2,2 millones de personas quedaron por debajo de la línea de indigencia, mientras que la proyección para el conjunto del país eleva ese número a cerca de 3,6 millones.

El dato interrumpió la tendencia descendente que el indicador había mantenido desde el pico de 52,9% registrado durante el primer semestre de 2024. Aunque los niveles actuales continúan por debajo de aquel máximo, la suba registrada durante los últimos seis meses debilita el discurso oficial basado en una mejora sostenida de las condiciones sociales.

El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció el incremento, aunque puso el foco en la comparación con el inicio de la actual administración. A través de su cuenta de X, destacó que la pobreza cayó del 52,9% al 32,3%, mientras que la indigencia descendió del 18,1% al 7,5% si se comparan los primeros semestres de 2024 y 2026.

Hasta ahora, el oficialismo había respondido a los cuestionamientos sociales con dos argumentos principales: la reducción acumulada de la pobreza y la continuidad de programas de asistencia, entre ellos la Asignación Universal por Hijo. Pero el aumento simultáneo de la pobreza y la indigencia, sumado a las dificultades de la actividad económica, limita la eficacia de esa estrategia comunicacional.

La situación adquiere una dimensión política adicional por la inminente llegada del Papa a la Argentina, prevista para dentro de pocas semanas. En la Casa Rosada reconocen que la visita tendrá un carácter principalmente pastoral, aunque inevitablemente estará atravesada por la realidad social del país y por las posiciones que la jerarquía eclesiástica viene expresando sobre la pobreza.

El nuevo escenario deja al Gobierno más expuesto ante una Iglesia que suele cuestionar las políticas económicas cuando sus efectos impactan sobre los sectores más vulnerables. Con el índice de pobreza nuevamente en ascenso, la administración de Milei deberá enfrentar la visita papal sin el respaldo discursivo que esperaba obtener de una mejora reciente en los principales indicadores sociales.

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