Argentina volvió a quedar en evidencia frente al espejo de las pruebas PISA 2025: los estudiantes de 15 años obtuvieron 393 puntos en Ciencias, 389 en Lectura y 367 en Matemática, tres desempeños por debajo de los registrados en la edición 2022 y que configuran uno de los retrocesos más marcados de las últimas dos décadas. La caída obliga a remontarse hasta 2006 para encontrar resultados peores en Ciencias y Lectura, mientras que en Matemática el puntaje es directamente el más bajo de toda la serie histórica nacional. Con estos números, el país se ubicó en los puestos 71 en Ciencias, 62 en Lectura y 75 en Matemática, sobre un total de 91 sistemas educativos que participaron del operativo internacional coordinado por la OCDE.

La comparación con la edición anterior muestra con claridad la magnitud del deterioro. En 2022, Argentina había alcanzado 406 puntos en Ciencias, 401 en Lectura y 378 en Matemática; tres años después, la baja es de 13 puntos en Ciencias, 12 en Lectura y 11 en Matemática. Ese retroceso se da además sobre una base que ya era débil: los desempeños de 2018 y 2022 aparecían como relativamente estables, sin mejoras significativas, pero con más de la mitad de los alumnos debajo del nivel considerado básico en las tres áreas. Ahora, el país no sólo profundiza esa fragilidad, sino que consolida una tendencia descendente en el largo plazo, que lo aleja de manera creciente de los promedios de los países más desarrollados.

Detrás de los puntajes promedio hay una realidad que los especialistas señalan como aún más preocupante: la enorme proporción de estudiantes que no alcanza el nivel mínimo de desempeño. En Matemática, casi 8 de cada 10 adolescentes argentinos se ubican por debajo del nivel 2 de PISA, el umbral que marca las competencias básicas para resolver problemas cotidianos y operar con nociones numéricas elementales. En Lectura y en Ciencias, la situación tampoco ofrece alivio: alrededor de 6 de cada 10 alumnos no llegan al estándar mínimo, lo que implica dificultades para comprender textos de extensión moderada, extraer información explícita y aplicar conocimientos científicos básicos. En términos de ciudadanía y de futuro laboral, expertos advierten que esto configura una generación con serias limitaciones para participar plenamente en la vida económica y social.

El comportamiento de Argentina se inscribe en un contexto de deterioro global de los aprendizajes tras la pandemia, pero el país aparece entre los que más retrocedieron tanto en comparación con su propio historial como dentro de América Latina. Mientras algunos sistemas lograron estabilizar o incluso recuperar parte de lo perdido, los resultados argentinos reflejan una caída más pronunciada y sostenida, que se acumula sobre una década de estancamiento. Los informes técnicos subrayan que, a diferencia de lo que ocurre en países que han logrado mejorar a partir de políticas de largo plazo, en Argentina la combinación de crisis económicas recurrentes, conflictos sindicales, pérdida de días de clase y reformas inconclusas ha impedido consolidar una agenda consistente de mejora educativa.

La difusión de los resultados abrió de inmediato una disputa política por las responsabilidades del retroceso. Desde el gobierno nacional se apuntó a las “gestiones anteriores” y, en particular, a los gobiernos peronistas como responsables del deterioro del sistema escolar, al tiempo que se intentó enmarcar las cifras dentro de una caída mundial de desempeños en PISA. Voces académicas y especialistas, en cambio, advierten que la lectura puramente coyuntural oculta problemas estructurales: baja intensidad de la enseñanza en Matemática y Ciencias, falta de acompañamiento a las escuelas más vulnerables, débil formación docente continua y escasa cultura de evaluación y uso de datos para orientar políticas. Con los peores resultados desde 2006 en Lectura y Ciencias, y el peor desempeño histórico en Matemática, la fotografía que deja PISA 2025 vuelve a plantear una pregunta incómoda: hasta qué punto el país está dispuesto a transformar su sistema educativo para que las próximas generaciones aprendan más y abandonen menos.

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