Los investigadores federales analizarán en detalle qué salió mal en el aterrizaje del avión de carga que se salió de la pista en el Aeropuerto Internacional de Miami, arrolló varios vehículos en una vía de servicio y dejó al menos cinco muertos y cinco heridos. El siniestro, protagonizado por el vuelo 7598 de 21 Air operado para Amazon Air, ocurrió el domingo por la tarde, tras la llegada de la aeronave desde San Juan, Puerto Rico. El carguero, un Boeing 767-300, se pasó del final de la pista, superó los límites operativos del aeropuerto y terminó envuelto en llamas junto a una vía utilizada por trabajadores de depósitos y empresas de logística, lo que explica la presencia de vehículos en la zona del impacto.

La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) y la Administración Federal de Aviación (FAA) ya abrieron investigaciones formales y desplegaron equipos en Miami para reconstruir, paso a paso, la secuencia del aterrizaje. Entre las primeras tareas figura el análisis de las grabaciones de las cajas negras —tanto los datos de vuelo como las comunicaciones de cabina—, la revisión del historial de mantenimiento del avión y la evaluación de la actuación de la tripulación en los minutos previos al impacto. También se examinarán las condiciones meteorológicas al momento de la maniobra y el estado de la pista, para determinar si factores externos pudieron haber influido en el despiste o si el origen del siniestro se encuentra exclusivamente en decisiones operativas o fallas técnicas.

Expertos en seguridad aérea señalan que uno de los puntos clave será establecer el lugar exacto en el que el avión tocó tierra dentro de la pista. En operaciones normales, el contacto con el suelo se produce dentro de los primeros 914 metros del tramo de aterrizaje, una zona marcada y calculada para permitir una frenada segura. Especialistas consultados advierten que, si la aeronave sobrepasó ese rango antes de apoyar el tren de aterrizaje principal, los pilotos habrían debido abortar el descenso y ejecutar una nueva aproximación, en lugar de intentar completar el aterrizaje con una distancia reducida para frenar. Esa decisión, explican, puede ser determinante cuando se trata de aviones de gran porte que operan en pistas con límites físicos muy definidos.

Las imágenes captadas por cámaras de seguridad y difundidas en redes sociales también serán un insumo central para los investigadores. Una ex inspectora general del Departamento de Transporte de Estados Unidos y piloto experimentada apuntó que en esos videos se observa a la aeronave “flotando” sobre la pista sin elevar el morro, maniobra habitual para forzar el apoyo firme del tren de aterrizaje y acortar la distancia de toma de contacto. De confirmarse esa lectura, los peritos deberán evaluar si se trató de un error de técnica de aterrizaje, de un intento de corregir tardíamente la trayectoria o de una respuesta a algún problema detectado en cabina. La combinación entre una toma de tierra demorada y la ausencia de una maniobra de corrección adecuada podría haber dejado al avión sin margen para detenerse antes del final de la pista.

El entorno físico del Aeropuerto Internacional de Miami añade otra dimensión a la investigación. A diferencia de más de un centenar de terminales en Estados Unidos, Miami no cuenta con sistemas de arresto basados en lechos de material liviano y compresible al final de las pistas, diseñados para detener o desacelerar aeronaves que se pasan del punto límite. Sin esa barrera adicional, el Boeing 767-300 excedió el área operacional certificada, atravesó la zona de seguridad y terminó sobre una vía de servicio utilizada diariamente por personal de almacenes y empresas de carga, lo que explica el impacto contra varios vehículos y el elevado número de víctimas. Las autoridades locales anticipan que, además de determinar responsabilidades, el caso reabrirá el debate sobre las medidas de seguridad en los aeropuertos de alta densidad de tráfico y su capacidad para contener incidentes de esta magnitud.

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