En los últimos doce meses, los servicios aumentaron en la Argentina por encima de la inflación general y se consolidaron como el principal motor de la suba del costo de vida para los hogares urbanos. El Índice de Precios al Consumidor acumuló en torno al 30% anual, pero varias divisiones vinculadas a vivienda, transporte, comunicación, educación, restaurantes y hoteles superaron holgadamente ese promedio. El proceso se dio en un contexto de recomposición tarifaria, actualización de cuotas de colegios y prepagas, y encarecimiento de servicios básicos que, según especialistas, se trasladó de manera directa al poder adquisitivo de los salarios.

De acuerdo con los datos oficiales, la división Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue una de las que más se encareció en el Gran Buenos Aires en el último año, con una suba cercana al 45% interanual. Dentro de ese grupo, el impacto más fuerte provino de los ajustes en electricidad, gas y otros combustibles, que treparon más de 55% y se ubicaron más de 20 puntos porcentuales por encima de la inflación general de la región. A estos incrementos se sumaron los aumentos en combustibles y lubricantes para vehículos de uso del hogar, que rondaron el 50% interanual, con una brecha de más de 15 puntos frente al índice general.

El encarecimiento de los servicios de comunicación también sobresale en las estadísticas oficiales: los servicios de telefonía e internet avanzaron cerca del 39% en los últimos doce meses, superando en varios puntos la suba del nivel general de precios. Empresas del sector justifican los aumentos por mayores costos operativos y por la necesidad de sostener inversiones en infraestructura, mientras que asociaciones de consumidores advierten que se trata de un rubro inelástico, donde las familias tienen poco margen para recortar consumo. En la práctica, el peso de las facturas de telefonía móvil, internet fija y TV por suscripción se incrementó en la estructura de gasto mensual de los hogares.

El rubro Educación se ubicó entre los que más presionan sobre el bolsillo, con aranceles de colegios privados y universidades que se ajustaron por encima de la inflación promedio. En algunos distritos, las cuotas de los colegios registraron aumentos escalonados que, sumados en el año, superaron holgadamente el 30%, mientras que las instituciones de nivel superior aplicaron revisiones periódicas para compensar la pérdida de ingresos frente a la inflación. Esta dinámica impacta de lleno en la clase media, que destina una proporción creciente de sus ingresos a mantener la escolaridad privada de sus hijos, en un contexto en el que el resto de los gastos esenciales también se encarece.

Otro de los capítulos sensibles es el de Transporte, que incluye tanto el transporte público como los gastos asociados al uso del automóvil particular. En el último año, los boletos de colectivos y trenes sufrieron subas acumuladas que en muchos casos corrieron por delante del IPC, mientras que el encarecimiento de los combustibles terminó de consolidar la presión sobre la movilidad diaria. A esto se suma el avance de los precios en Restaurantes y hoteles, un rubro que suele reaccionar rápido a los aumentos de costos en alimentos, tarifas y salarios, y que en la comparación interanual también se ubicó por encima del promedio general, encareciendo las salidas y el turismo interno.

La combinación de estos incrementos hace que la canasta de servicios —que incluye vivienda y servicios públicos, transporte, comunicación, educación, salud, restaurantes y hoteles, entre otros— haya crecido varios puntos por encima de la inflación general en el último año. Economistas consultados advierten que esta brecha no solo refleja el proceso de actualización de tarifas que estaban atrasadas, sino también un cambio de composición en el gasto de las familias, donde los servicios esenciales ganan peso en detrimento del consumo de bienes. En ese marco, la estrategia oficial de moderar los aumentos de tarifas en los próximos meses apunta a contener el impacto sobre el ingreso disponible, aunque los especialistas señalan que aún quedan ajustes pendientes que podrían seguir presionando sobre el bolsillo en el mediano plazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *