Diego Sebastián Rosen Ferlini, empresario argentino de 51 años radicado en México, quedó en el centro de la escena tras ser señalado como uno de los presuntos responsables del brutal cuádruple crimen del tecladista Jonathan Meléndez, su esposa embarazada, su hija de 3 años y una mujer que trabajaba en la casa. De acuerdo con la investigación, Rosen fue detenido junto a otro sospechoso luego de un operativo que involucró a fuerzas de seguridad del Estado de México, la Ciudad de México y autoridades federales, tras el hallazgo de las víctimas asesinadas dentro de una vivienda en un municipio del Estado de México. El caso causó conmoción en ambos países no solo por la ferocidad del ataque, sino también por el perfil del acusado, que hasta ahora se movía en el mundo de los negocios inmobiliarios y el turismo.
Rosen construyó su imagen pública como un empresario vinculado al rubro de la renta de propiedades en destinos turísticos mexicanos. Diversas fuentes lo vinculan a una firma llamada NOMAD Property México, dedicada al alquiler de casas y departamentos en plazas como Valle de Bravo, Acapulco, Tepoztlán y Cuernavaca, dirigida a un público de alto poder adquisitivo. Antes de esa etapa, se le atribuyen funciones como representante legal de otra compañía del sector publicitario y de marketing, lo que habría consolidado un perfil de gestor y operador en distintos emprendimientos. En paralelo, sobre su actividad comenzaron a acumularse denuncias por presunto fraude, relacionadas con operaciones inmobiliarias que nunca se concretaron como habían sido ofrecidas a los clientes.
Su presencia en redes sociales reforzaba la imagen de un hombre exitoso y cosmopolita. En sus cuentas personales, Rosen solía publicar fotografías en destinos turísticos donde ofrecía propiedades, así como mensajes motivacionales y alusiones a la selección argentina de fútbol, especialmente durante la disputa de grandes competencias internacionales. El tono de esos posteos contrastaba con las advertencias que ya circulaban en foros y entre algunos damnificados por sus negocios, que lo señalaban como un personaje polémico dentro del mercado inmobiliario informal. Sin embargo, hasta el estallido del caso Meléndez, esas acusaciones no habían trascendido el circuito administrativo y judicial donde se tramitaban.
Uno de los ejes centrales de la investigación es la relación que unía a Rosen con Jonathan Meléndez, tecladista y productor musical vinculado a la escena de indie rock mexicana. Fuentes de la causa sostienen que ambos habrían mantenido un vínculo comercial a partir del negocio de la renta de casas, lo que habría permitido al empresario ganarse la confianza del músico. Esa condición de “conocido” o “socio” de la víctima explicaría que pudiera acceder al domicilio sin necesidad de forzar puertas ni generar sospechas en el entorno inmediato, una pieza clave para entender cómo se concretó el ataque dentro del hogar. La Fiscalía indaga si un conflicto económico derivado de esos acuerdos pudo haber sido el detonante del crimen.
En el plano judicial, el nombre completo de Diego Sebastián Rosen Ferlini aparece asociado a un expediente en un juzgado de control del Estado de México, con antecedentes que se remontan al año anterior y movimientos recientes en las semanas previas a su detención. Los registros oficiales lo describen físicamente como un hombre de tez blanca, cabello corto y oscuro, cejas pobladas, ojos grandes y nariz de base ancha, características que fueron difundidas cuando se ordenaron los primeros operativos para dar con su paradero. A partir de su captura, los investigadores intentan reconstruir con precisión sus movimientos antes y después del multihomicidio, así como sus comunicaciones con Meléndez y otras personas de su entorno.
Aunque la acusación lo señala como uno de los posibles autores materiales del cuádruple crimen, la defensa del empresario insiste en que aún no se ha probado su participación directa y subraya que, hasta que exista una sentencia, rige el principio de presunción de inocencia. Sin embargo, el cúmulo de indicios sobre su vínculo comercial con el músico, las denuncias previas por fraude y su papel en el mercado de alquileres turísticos lo han colocado en el foco público como el rostro más visible del caso. Mientras la causa avanza y se profundizan pericias, reconstrucciones y análisis de pruebas, la figura de Rosen funciona como un símbolo inquietante: la de un empresario de apariencia exitosa acusado de estar detrás de una masacre que sacudió a la comunidad artística mexicana y al público argentino.
