David Elías Ojeda Vázquez, de 23 años, fue asesinado de un disparo por la espalda en el barrio Sol y Verde, en José C. Paz, cuando volvía del gimnasio y fue abordado por dos motochorros que le robaron la moto con la que trabajaba. Los atacantes se desplazaban en moto y llevaban indumentaria similar a la de repartidores de aplicaciones de delivery, lo que les permitió acercarse sin despertar sospechas antes de interceptarlo en plena vía pública. El crimen ocurrió el lunes por la noche y quedó registrado por una cámara de seguridad, donde se ve el intento desesperado del joven por escapar antes de recibir el balazo que le provocó la caída a pocos metros. Tras el ataque, los delincuentes se apoderaron del vehículo y huyeron a toda velocidad, dejando al joven gravemente herido. Fue trasladado al Hospital Mercante, donde murió poco después a causa de las lesiones.

Elías, al que sus familiares y amigos llamaban cariñosamente “Tito”, era un emprendedor que se ganaba la vida como trabajador independiente, comercializando distintos productos a través de internet y utilizando su moto como herramienta central de su actividad cotidiana. No se trataba de un bien de lujo ni de un capricho: la moto era el medio que le permitía realizar entregas, sostener su emprendimiento y organizar su rutina laboral. Sus allegados lo describen como un chico de hábitos sanos, de rutina marcada por el trabajo, el gimnasio y las tardes de videojuegos con amigos, alguien que “tenía muchas ganas de vivir” y que apostaba al esfuerzo diario. El perfil que emerge de su entorno es el de un joven conocido y querido en el barrio, que había construido su proyecto de vida alrededor del trabajo honesto y la independencia económica.

La conmoción por el crimen se extendió rápidamente en José C. Paz y derivó en manifestaciones públicas de dolor y reclamo de justicia. Familiares, amigos y vecinos se movilizaron hasta puntos neurálgicos del distrito con remeras, carteles y banderas que llevaban el rostro de “Tito”, exigiendo mayor seguridad y la captura de los responsables. La marcha tuvo lugar pocas horas después de su entierro en el cementerio de la zona y se transformó en un símbolo del hartazgo frente a la violencia delictiva. En los cánticos y testimonios se repitió la misma idea: detrás de la estadística policial había una historia de esfuerzo truncada de manera brutal, la de un joven que volvía del gimnasio y nunca llegó a su casa.

En paralelo al dolor de la familia, el caso encendió un fuerte debate político sobre la inseguridad en el distrito. Desde el municipio se expresó el “profundo pesar” por la muerte de David Elías Ojeda Vázquez y se reclamó un refuerzo de la presencia policial, mientras la intendenta interina cuestionaba al gobernador bonaerense por la falta de recursos y respuestas ante la escalada de delitos violentos. El expediente quedó en manos de la fiscalía correspondiente del Departamento Judicial de San Martín, con la causa caratulada como homicidio criminis causa, una figura que contempla el asesinato cometido para facilitar otro delito, en este caso el robo de la moto. Los investigadores analizan imágenes de cámaras de seguridad de la zona para reconstruir la fuga y el recorrido de los atacantes.

Al cierre de la jornada, los dos sospechosos del crimen permanecían prófugos y la sensación de desamparo se mezclaba con la exigencia de que el caso no quede impune. En el barrio Sol y Verde, la esquina donde fue asesinado Elías se convirtió en un punto de referencia doloroso: allí se colocaron velas, mensajes y fotografías que recuerdan al joven emprendedor que hacía del trabajo y del deporte sus pilares cotidianos. Su nombre se sumó así a la lista de víctimas de motochorros en el conurbano bonaerense, pero para su familia y sus amigos, “Tito” sigue siendo mucho más que una cifra en los registros policiales: es el hijo, el amigo y el vecino cuya vida fue arrebatada en segundos, y por quien hoy un barrio entero reclama justicia.

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