El mensaje de Javier Milei en cadena nacional sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas y el anuncio de un paquete de medidas para impedir la explotación de recursos en las inmediaciones del archipiélago desató una ola de críticas entre los sectores más duros de la oposición. Dirigentes peronistas, referentes de la izquierda y representantes del radicalismo coincidieron en calificar la iniciativa como “oportunista”, “payasada” y “demagógica”, al tiempo que cuestionaron las supuestas contradicciones del Presidente en materia de política exterior y defensa. Para estos espacios, el giro discursivo del Gobierno en torno a Malvinas no alcanza para compensar tres años de decisiones que, según afirman, favorecieron el avance británico en el Atlántico Sur.

Entre las voces más críticas se destacó la del ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, quien recordó que las empresas Navitas y Rockhopper habían anunciado el 10 de diciembre de 2025 su decisión final de invertir en el proyecto Sea Lion, en la Cuenca Malvinas Norte, y acusó al Presidente de haber demorado la aplicación de herramientas legales que ya estaban disponibles. “267 días tardó el fan de Thatcher en cumplir la ley. Ahora lo hace de manera oportunista”, disparó el funcionario, en referencia a las expresiones de admiración que Milei realizó en el pasado hacia la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, figura central de la conducción política del Reino Unido durante la guerra de 1982.

En la misma línea se pronunció el ex jefe del bloque oficialista en Diputados durante el anterior gobierno, Germán Martínez, quien sostuvo que, en 33 meses de gestión, Milei “no aportó nada significativo” a la causa Malvinas y “gobernó en contra de la soberanía nacional”. Martínez cuestionó que el Presidente no hubiera tomado antes las medidas que ahora presenta como parte de una estrategia de defensa del interés argentino. “¿Por qué Milei no hizo el mismísimo 10 de diciembre de 2023 lo que hoy anunció? Tenía todos los elementos normativos disponibles y antecedentes concretos sobre todos los temas”, planteó, aludiendo al inicio de la gestión libertaria y a la normativa ya vigente sobre exploración y explotación en áreas vinculadas al archipiélago.

La diputada Victoria Tolosa Paz también habló de “puro oportunismo” y puso el foco en la postura previa del Gobierno frente a ese marco regulatorio. Según la dirigente, la Casa Rosada optó en un primer momento por flexibilizar normas y permitir condiciones que facilitaron el avance de proyectos vinculados a los recursos naturales en la zona, para recién ahora intentar mostrarse como garante de la soberanía. “¿Por qué no hizo cumplir la ley en su momento en lugar de flexibilizar las normas?”, cuestionó, en sintonía con otros referentes que describen el nuevo discurso oficial como un intento de capitalizar el clima social generado en torno a la causa Malvinas.

Desde la izquierda, las críticas escalaron aún más en intensidad. Dirigentes de ese espacio calificaron el anuncio presidencial como una “farsa” y trazaron paralelismos con la estrategia de la última dictadura militar, señalando que Milei estaría buscando utilizar el legítimo reclamo de soberanía para enfrentar su propio desgaste político. Según estos sectores, el Gobierno pasó de reivindicar la autodeterminación de los habitantes de las islas y exhibir simpatía por la figura de Thatcher, a apropiarse de la causa Malvinas en clave electoral, aprovechando el auge patriótico alimentado recientemente por la selección nacional y las manifestaciones populares de apoyo a los veteranos.

En ese contexto, los opositores más duros acusan al Presidente de intentar “galtierizar” su figura, en referencia al ex mandatario de facto Leopoldo Fortunato Galtieri, asociando el giro discursivo con la búsqueda de recomponer su imagen en medio de tensiones económicas y sociales. Aseguran que las medidas anunciadas llegan tarde, que en buena parte se limitan a instrumentos ya existentes y que su aplicación se vio postergada por decisiones políticas del propio Gobierno. Entre los cuestionamientos se repiten tres ideas: que Milei no consolidó consensos en política exterior y defensa, que su gestión “desmalvinizó” la agenda oficial mediante concesiones al Reino Unido, y que la nueva retórica sobre el Atlántico Sur responde más a una estrategia de campaña que a un cambio genuino en la orientación de su gobierno.

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